27.10.08

Amanecer

Ayer Vivi se despertó tan temprano que aún no había luz de día.
Abrió los ojos y recordó el viaje del día anterior, los canales entre el follaje verde de los ahuizotes, el ruido que la lancha hacía al navegar entre paisajes solitarios, como se enredaban los lírios en las aspas del motor, las garzas, las vacas navegantes, el pastillero de colores que la acompañó en el viaje.

Esta mañana V. despertó temprano en su sillón.
Abre los ojos y sabe que está feliz, no sabe qué es pintar pero sabe usar cada vez mejor su pastillero de colores y los pinceles, no sabe qué es el amor pero ama intensamente lo que tiene, no sabe qué es una mandarina pero conoce bien el particular tono dulce de su sabor y su aroma territorial.
V. sabe que no sabe, pero sabe vivir.

Mañana V. despertará temprano.
Se va a preparar una taza de té de canela, dejará el agua calentarse y al primer hervor pondrá la raja café rojiza de la corteza, un par de cucharadas de azúcar morena e irá con su taza al pórtico a sentir el aire frío de octubre que se compensará con el vapor que emanará de la taza. Pasará la primer hora de la mañana contemplando el jardín y reconocerá el ruido extraño que escuchaba ayer en su sillón mientras pensaba como lo hace todas las mañanas al despertar. El sonido que hace un colibrí al cantar.


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