25.8.07

Un Juan Casual



Hay algo de tenebroso en eso de las casualidades (al menos para mi), te demuestran que eres un juguetito de la voluntad del destino. Vamos de atrás para adelante.

En diciembre de 1999 en Inglaterra un concierto de James es grabado, enciendo la TV y por la manía reciente que he adquirido de programarme solo las cosas interesantes para ver a través de esa caja; en ella suena “Sit Down” en vivo por el Suscriptor Channel. Es la última canción del concierto y si jugáramos a las analogías esa canción es la que le corresponde a él si tuviera que escogerle una canción para ser. Ya es demasiado así que me río y canto… ante la innegable terquedad del destino por ponerte algo enfrente mejor eso, la risa. Está es la cuarta vez en tres días que llega ese personaje ahora invisible y bastante borroso a mi vida.

Un poco antes fue en el café, el mismo de siempre desde que estuve en prepa, eso debe ser mas o menos hace unos 13 años. Algún día lo llevé ahí, pero creo que cualquier persona que se precie de conocerme sabe que esa cafetería es la que siempre frecuento. He llevado a casi todas las personas que me conocen, tiene 2 características que me hacen seguir frecuentándola. La primera es que el servicio es muy malo, y no es que sea masoquista pero me agrada el hecho de que sin importar las veces que han cambiado al personal (que han sido muchas por cierto) es algo seguro, sabes que llegarás a pelearte por la atención de los meseros y que a regañadientas te atenderán, es un hábito, algo que se odia tanto que terminas por entender que eso es lo que te hace amarlo. La segunda es que la locación es muy fortuita, está en una calle cerrada atrás de una iglesia, esa donde filmaron la terrible versión de Romeo y Julieta estelarizada por L. DiCaprio y Claire Danes. Este lugar se puede utilizar para casi cualquier propósito, no es como esas cafeterías resignadas a recibir solamente a cierto tipo de personas que usan el mismo uniforme, escuincles que saben a cappuccinos y hookas, señoras que fuman Benson o Alcanforados con gusto a bolsita de té Lag’s de manzanilla, no, la gente que la frecuenta es variopinta, en aquella mesa se romancea, esa otra con ajedrez entre los españoles, en la de la esquina el solitario que escribe, las señoras de los Benson, los escuincles de las hookas, perros que nadan en la fuente de enfrente, niños que corren del kiosco a la mesa, de la mesa al kiosco… debo aceptar que es un gran lugar por ese hecho, “es adaptable y extrañamente no gusta de las etiquetas”.

Llegué y nos acomodamos en una mesa exterior, pese a lo cerrado del cielo no calculamos el chaparrón de agua que caería una hora después gracias al ciclón Dean, el ingrato que le hecho a perder al sitcom noticioso mexicano hacer un circo de la desgracia ajena. Ya instalados platicando de las cosas de siempre llegó por tercera vez y se instaló en la cafetería que está al lado de la mía, he de aclararles que son 2 y únicamente un triste plastiquillo como cortina es lo que las separa, aunque ambas gozan de las mismas características. Nos vimos, nos ignoramos, un trato displicente y cómplice.

Fue muy molesto verlo de nuevo igual que hace un año y medio; alto, rubio, delgado, elegante, sus ojos desorbitados, la espalda cuadrada que se va haciendo angosta al llegar a su cintura, todo igual pero con una sola diferencia, este sentimiento dulce no le correspondía más, ahora lo reemplazaba un vacío que se incomodaba con su presencia. Tuve ganas de pararme a reclamarle por invadir mi espacio, es como cuando alguien te sorprende y allana con un beso no deseado. ¡Agh, que hacía en mis cafeterías!, por que invadía mi lugar… Hice un berrinche que mi acompañante disfrutó mucho por cierto.

Pero como les decía ese encuentro de hoy se contaba ya en una suma, la aparición de ayer, la segunda, fue más espectacular. Le antecedió un ocaso limpio y lleno de nubes que se vestía ante nosotros afuera del auditorio gracias de nuevo a la fabulosa versatilidad de climas que nos ha otorgado el huracán en paso por estos días. Las miradas se cruzaron, y aunque se reconocieron, se ignoraron con todo el propósito de hacerlo en la fila de entrada al concierto. Me sorprendió verlo, lo último que supe era que estaba en España estudiando. Una foto bastante ridícula en Hi5 era la imagen más reciente que tuve de él, un closeup desenfocado al cuadrante izquierdo de su rostro cuyo foco era una perforación que venía acompañada de un minúsculo arete en el oído, mismo que hoy no vi y que hubiera desentonado con la ropita formal que le caracteriza.

Caetano borro su presencia paulatinamente de mi mente, cantó casi todo el nuevo disco “Cê”, cuando contó la historia de “Odeio” antes de cantarla, sentí como si lo tuviera sentado en la silla que ocupaba mi lado izquierdo rodeando con su brazo mi espalda y tomándome cariñosamente las manos,… es una canción que compuse para mi mujer, se traduce como te odio, ojalá supieran portugués, es muy bonito oír a todos cantando “te odio” (de fondo se escuchan las risas en coro de las almas que llenábamos el auditorio) yo creo que el sentimiento más parecido al amor es el odio, finalmente son lo mismo”… algo así fue su explicación y aunque no me gustó conmigo sentirme identificada, la verdad es que lo estaba.

La primera ocasión en está fila de casualidades se dio en un sueño, hace tres días precisamente, sandbordeamos juntos en dunas arena, ¡gran experiencia!, se las recomiendo. Nunca lo he hecho y no tengo idea si exista el deporte de mi sueño pero suena divertido ¿no creen?…
Es la segunda vez que oigo completo el concierto en el Suscriptor Channel y termina nuevamente al compás de las letras que también terminan de teclear por hoy…


Sit down next to me,
In love, in fear, in hate, in tears
Down
Down
Oh sit down
Sit down next to me
Sit down, down, down, down, down
In sympathy.

O.
Publicar un comentario