Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

22.8.08

Los 15

Para D. Kaboom

Al menos en mi caso si aplicó aquello de ‘despierta la mujer que en mi dormía’. De los catorce a los quince casi todas cambiamos de ‘niña a mujer’. Creo que ahora la edad del cambio es desde los trece y si no fuera tan terrible el peso de el concepto ‘quinceañera’, seguramente estaría pasado de moda y todo el numerito sería una onda catorceañera.

Los gloriosos 15. La bella edad donde cargué uno de mis peores y más temidos traumas; que me hicieran una fiesta para ‘presentarme en sociedad’. Me resistí y no fue culpa de La O. mayor y A., ellos hicieron lo que estuvo en sus manos para detener la debacle, fue el resto de mis gigantescas familias las que no respetaron la petición de ‘no fiesta’. Gracias a que me resistí terminé con una fiesta a medio hacer que fue un verdadero desastre. No entraré en detalles horrendos pero aunque no tuve un vestido pasteloso de quinceañera, si me hicieron estudio de fotos con ciclorama de jardín impreso y alfombra polvosa conmigo posando con mi buqué de florecitas azúles, cabe aclarar que el color oficial de la fiesta fue el azul, imprimieron un titipuchal de recuerditos varios con mi foto (todavía guardo un vaso de cuba con mi carita inocente impresa en él), obviamente no tuve un chambelán guapo del que me pudiera enamorar, mi padre tuvo que improvisar un discurso en la sala de casa de mi abue y mi otra abuela me hizo un vestido para usarlo el día que me quitaron oficialmente el demonio en la santa madre iglesia en una promoción eclesiástica de un 2 x 1, misa de quince con primera comunión incluida.

Pinche repinche canción, ‘Ahora despierta la mujer que en mi dormía y poco a poco se muere la niña’ pero en efecto, es la impresión de toda esa época en la que los vestidos de pastel rosas y las coreografías eran lo que rockeaba. A mis quince estábamos en la fina línea en que eso estaba a punto de pasar de moda y para mi desgracia me quedé en la parte de la línea en la que no crucé a tiempo para salvarme. Ahora veo a mi recién entrada a los quince D. Kaboom y entiendo lo rara que se siente, hay una serie de eventos que pasan en ese cambio ‘de niña a mujer’, chale como odio esa expresión pero me paso repitiéndola, es atinadísima, bueno que cuando te llegan los quince todo se te mueve, es raro pero la gente comienza a admitirte como alguien con opinión, no solo la escuincla que se deja llevar. D. Kaboom se salvo de las convenciones de su edad y celebró como se le antojó.

Una de las actividades que le propuse fue que fuera a probarse vestidos de quinceañera a la calle de República de Chile en el centro. Fue una experiencia liberadora, se probó cuatro modelitos. Intentamos que hubiera de todo un poco, primero comenzamos con el modelo clásico:

Rosa, rosa, rosa y más rosa, al ver la mirada de la O. mayor cuando D. Kaboom salió del vestidor entendí muchas cosas. Tenía una expresión de: ¡Mira que linda se ve!, y entendí a las mamases que hacen que sus hijas se pongan vestidos de princesa. Hay una ilusión por ver a tu hija como muñeca, exhibirla y que todos te la chuleén.
La primer traba que tuvimos fue que en todas las tiendas hay un letrero de NO FOTO, así que todo el material que aquí se exhibe no existe, es un producto de su imaginación, yo no tomé ninguna foto a escondidas con mi cel, es su imaginación la que los está engañando.
La señorita del vestido rosa, rosa, rosa, casi nos muerde cuando se dio cuenta de mi cámara, como era la primera tienda brilló mi inexperiencia de fotógrafa oculta así que tuvimos que mudarnos.
Caminamos




En la segunda tienda ya teníamos una cuartada más estructurada. La fiesta sería el primero de noviembre y estabamos buscando un vestido de fantasía por que la fiesta era con tema de carnaval así que se midió esto



Un modelito con sombrilla coqueta en el que cabían dos quinceañeras. El problema de la obesidad está contempladísimo en el sector quinceañero de la calle de república de Chile en el centro, el modelo en el que ven a nuestra pequeñuela es talla pequeña, ¡hechenle cómo será el extragrande!.
Caminamos

Llegamos al tercer modelo, aquí es un buen momento para contarles de los vestidores, eso es algo que yo no sabía. Una va por la calle y se dice a si misma, ¡El vestido de mis sueños!, una señorita rápidamente ve tu cara de ilusión y te aborda. Te da una tarjeta con su nombre y el modelito que te cautivó anotado y cuando es una tienda grandota te pasan a el área de probado. Ya en el lugar hay una serie de mini cuartos con cortinas en los que se mete la señorita probadora y la individua en cuestión, luces apagadas, mucho misterio y de pronto ¡charan! Aparece tu quinceañera entre espejos y luz neón:






Y ahí es cuando una aprovecha para hacer clic clic clic, mientras la O. mayor distrae a la serñorita demostradora.
El modelito negro nos dijeron que está muy de moda, a mi se me hizo un poco raro ver a mi quinceañera de negro pero se veía chula la condenada. (¡ven! Ahí está de nuevo ese deseo reprimido de ver a la escuincla como princesita.)
Y finalmente le probamos el modelo más caro de toda nuestra aventura.
Este probador era el más quinceañeroso de todos, cuadro de Belinda incluido para que te imagines a tu niña como la estrella del rock pop nacional




Aquí de plano se me fue la onda de estarme escondiendo y no pude tomar una buena foto del modelo pero les cuento que esa cochinada costaba solamente $17,000, shifón italiano, aplicaciones a mano, bla bla bla. Y la señorita también me terminó regañando así que con ese cuarto vestido terminamos el paseo quinceañeril.

Salimos de ahí satisfechas y felices, cada una de las 4 por diferentes razónes. Este sábado pasado cumplí lo que hubiera sido mi sueño perfecto de quince años, disfrutar de los terribles hábitos por los que hacen pasar a las escuinclas y les remarcan que pasarán ‘de niñas a mujeres’.
El resto de la tarde también estuvo muy linda.





Me faltó el regalo para la quinceañera, el regalo virtual digo y la verdad no encuentro mejor cosa que postear la canción que tantas veces hemos bailado juntas:
Rock Lobsteeeeer!


12.5.08

El galerón

El vaso fiesta:

protagonista indudable de la noche del viernes/sábado. Salí con J., sus hermanos y amigos a celebrar el cumple de S. y J. Hace mucho no me amanecía con la plática, salir con los Cervera es muy chistoso, es tener a 4 versiones de la misma persona y para colmo 2 de ellas son gemelas y uno es la versión masculina, futbolera, medio guarra pero de un corazón enorme de la misma variante.

Nos amaneció y ya no recuerdo bien porqué pero terminamos en la Fonda Margarita desayunando, para ese entonces ya solo quedamos J., E. y yo. Para mi ese lugar siempre se ha llamado: ‘El galerón’, un espacio onda bodega con paredes color verde tortillería y con un techo de lámina que de no ser por el horario muy tempranero del lugar convertiría el sitio en un infiernito.
Desde chavita lo conozco por mis papas pero ya en el ganar de años uno va adaptando conocimientos y ahora es el perfecto sitio para terminar noches de fiesta. Su horario madrugador de siete días a la semana, los deliciosos platos, los diversos musicos en vivo, la ubicación céntrica y el ambiente borracho/oficinista es algo que no se replica en ningún otro lugar de esta ciudad.

Consta de una menú que cambia de acuerdo al día, pero a mi no me importa el dato, lo que siempre pido es frijoles con huevo y un jugo de naranja o una cerveza.
Leyendo una nota de Paula Monaco publicada en la Jornada el 24 de mayo de 2007 saqué estos datos:

Tiene 60 años pero la fonda lleva unos 40 años en la calle Adolfo Prieto 1364, casi esquina con Pilares, colonia Del Valle, (yo siempre me pierdo para llegar, E. nos acabó orientando y después del desayuno nos llevó a su exdepartamento a dos cuadras de la fonda, su exportero lo adora, se dieron un gran abarazo carnaloso futbolero cuando se despidieron.) pero el dato exacto de su fundación "es una incógnita", dijo María José Castillo, dueña del lugar junto con sus hermanos Joel y Ricardo.

Sin embargo, calculan que son más o menos 58 años, porque su madre, Margarita Lugo, comenzó la venta de alimentos con algunos pesos que le sobraban de los envíos de su marido Joel, quien trabajaba de bracero en Estados Unidos.


Los tres hermanos crecieron entre ollas y guisados. Casi naturalmente decidieron continuar con el negocio familiar, que hoy se ubica frente a la parroquia Nuestro Señor del Buen Despacho y rinde culto a la comida mexicana ofreciendo desayunos y almuerzos desde las 5 a las 11:30 horas con una única exigencia: seguir las recetas tradicionales.
"Hacemos todo con cazuelas de barro y no usamos nada de gas", aseguró Ricardo, quien explicó que "el sabor cambia bastante porque el carbón le da un toque campirano".

En poco más de seis horas, el lugar despacha diariamente un promedio de 120 desayunos y almuerzos por 32 pesos en plato grande y de 21 a 24, en porciones sencillas, que se pueden acompañar con café de olla, jugos y refrescos, como Yoly y Sidral.

Luego de hacer cuentas, Ricardo señaló que cada jornada consumen aproximadamente 60 kilos de tortillas, 20 kilos de frijoles negros, cinco de chile serrano, dos de cuaresmeño, dos de guajillo y uno de pasilla.


Contaron que hace un par de semanas desayunó allí el magnate Carlos Slim y los responsables del lugar agregaron que Felipe Calderón lo hizo muchas veces durante la campaña electoral.