3.7.08

Las dos posibilidades

Ayer cené la mitad de una vaca. Sí, exagero, pero se que si me comiera la mitad de una vaca sentiría más o menos lo que sentí hoy al despertar 20 minutos antes de las 6.
Y estaba en mi camita sufriendo y recordé en el chiste de las dos posibilidades. Mismo que no les voy a contar porque es muy largo y no tiene gracia si no ves la cara de desesperación en la otra persona mientras lo cuentas… es un chiste muy raro ese, está diseñado para que el que lo cuenta disfrute del placer que causa la desesperación en el otro y ni chistoso es.
Tenía dos posibilidades. Una era quedarme en la cama lamentándome de haberme comido parte de una vaca y sentir las consecuencias que parecía que claramente no me iba a dejar seguir en mis pesadillas de panza pesada y la segunda, la que elegí, fue levantarme, tomar la bicicleta y aplicarme un paseo matutino en el bosque.

Es la mejor hora para ir al bosque. Está brumoso onda Transilvania o la carretera libre a Oaxtepec que pal’ caso da el mismo efecto, se aprecia mejor el cambio de colores en el cielo al amanecer cuando estas rodeada de árboles y tiene un paisaje urbano que va del absurdo a lo increíble.
Siempre comienzo el circuito en la entrada de Costituyentes, es la más cercana a mi casa. Ahí estaban mis siguientes dos posibilidades: izquierda o derecha. Como es una pista muy ancha y con muchos senderos cada quien va como cabra desbocada a donde los pies lo lleven. Tomé la derecha. Había ya muchos otros comensales de vacas que también estaban haciendo ejercicio, bicicletos profesionales y medio pasguatos como yo, corredores variopintos, comadres caminantes platicadoras, militares en pelotón cantadores, mucha gente.

Cuando llegas a la primera curva que está más o menos por el monumento a los niños heroicos entras a la parte más fumada del paseo. Es la parte donde están todos los puestitos que de día venden burbujas, chicharrones, cacahuates, antenitas de rehilete (¡!), carne enchilada procedente de incierto animal (se rumora que es murciélago, burro o caballo), tortas de jamón, chescos y cuanto producto para la supervivencia chapultepequese sea necesario.
Mi bicla va rodando a las 6 de la mañana, vacío de vendedores, con los puestitos cerrados, algunos son cajas metálicas y otros solo son los típicos armazones de mercado sobre ruedas. Todos medio en orden alineados a los extremos del circuito e intercalados con unos basureros nuevos que pusieron para recolectar botellas de PET (una especie de tambos hechos con las mismas botellas de PET). Y en lo alto el castillo de la Doña Carlota iluminado, a los costados el lago enorme brillando apenas verdoso clarito por la falta de luz y la humedad brumosa y blanca que llena el ambiente. Es un paisaje para alunizar en una película del Santo.

Me olvido del lugar un momento y ya no voy tonteando lento, tomo la segunda posibilidad y pedaleo más fuerte, más rápido. Recuerdo esa desilusión, esas caras, esa noche. Lo mucho que duele cuando genero expectativas falsas de personas queridas, me fabrico personajes y pongo las manos con palmas abiertas a recibir algo que no está en el otro darme y no va a llegar. Fantasía de un mundo feliz y falso en colores pastel que se tiñe y destiñe fácilmente.
Tomo la segunda posibilidad otra vez y pienso en lo que si tengo, en las personas a las que también amo, me corresponden y siguen sorprendiéndome. En que una de ellas esta mañana llegó finalmente a la ciudad para quedarse, no más distancia. También pienso en mis amores viejos, las personas que si tengo opción a amar sin freno, lo que no lastima, lo que puedo y debo fantasear e inventarme cuantas veces quiera. Lo que tengo opción a pintar del color que me venga en gana y pedaleo más rápido, más fuerte.

Llego a la ‘calzada de poeta Nezahualcóyotl’, el nombre está grabado en piedras blancas al inicio y pasan las letras al andar de la bici, C-A-L-Z… Solo a lo lejos se ve un corredor, está casi vacía. Bajo de mis pensamientos y me doy cuenta que estoy sola y ya casi amaneció. Recuerdo el final de un verso del poeta que dice ‘Amo más a mi hermano el hombre’ y pienso que cuando llegue a la oficina lo busco y lo posteo.

Amo el canto del cenzontle,
Pájaro de cuatrocientas voces
Amo el color del jade,
y el enervante perfume de las flores;
Pero amo más a mi hermano el hombre.

...
...
...
- Mejor me hubiera quedado en la cama.
¡Ja! Les apliqué el chiste, ven, les dije, no es un chiste gracioso.

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