21.2.08

La palabra del día: Gilipollas

Tanto el argentinismo gil como el españolismo gilipollas son palabras de uso vulgar. La primera es empleada en el Río de la Plata desde comienzos del siglo XX; la segunda es de uso en España y se encuentran registros desde la primera mitad del siglo pasado.
Ambas provienen de caló jilí (tonto, memo), probablemente influenciado por el nombre propio Gil. Gobello, en su Diccionario del lunfardo menciona los aumentativos 'gilón' y 'gilún', este último con influencia del genovés, así como los despectivos 'gilastro' y 'gilastrún'.
En el tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, popularizado por Carlos Gardel, se dice:

Siglo XX cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no afana es un gil.

La forma peninsular se forma mediante la unión de gilí (también 'tonto', 'memo') con 'polla' en su acepción vulgar de 'pene'. Un ejemplo de su uso lo encontramos en este trecho de Arturo Pérez Reverte, en La reina del sur:

Entonces él, mentón sin afeitar, ojos enrojecidos de sueño, se rascó el pelo revuelto y le preguntó si estaba loca o se había vuelto gilipollas o qué. Hasta que ella se levantó desnuda de la cama, y tal como estaba sacó su maleta del armario y empezó a meter cosas (...).


El diccionario de la Academia incluye también el españolismo gilí, del mismo significado y origen, aunque sin la marca de vulgarismo que atribuye solamente a gilipollas.
El vocablo caló original, jilí se deriva de jil (fresco) y este de jilar (enfriar). Muchos etimólogos suponen que la acepción de 'fresco' sugirió la idea de 'nuevo' y, de ahí, la de 'cándido', 'inocente', de donde 'incauto', 'tonto'.

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