14.1.08

Con escalas



- Un vuelo para el final porfavor.
- ¿Ida y vuelta?
- Solamente ida.
- ¿con escalas?
- No, directo.

Todos pedimos el vuelo directo cuando el destino es el final. Ilusamente siempre queremos un vuelo sin escalas, feliz, sin turbulencias, una azafata impecable que nos ofrezca salmón con vino blanco en el trayecto y para relajarnos resulta ser que el pasajero con el que compartimos asiento es el mejor cuenta cuentos del mundo y está ahí compartiendo asiento contigo y te pide que por favor escuches el último relato que preparó para matar las horas que estarán juntos en el avión. Pero mientras más largo es el trayecto, menos probable es que las escalas no aparezcan y si se va al final es imposible que no las haya.

Y estoy en una de esas escalas que por ir embelezada con lo maravilloso de mi viaje no me di cuenta que venía marcada en mi itinerario (y miren que la pobre azafata me lo repitió muchas veces y nunca puse la atención necesaria). Afortunadamente viajo ligera y sin prisas, así que bienvenido el cambio de planes.
Aunque estoy medio atontada y muy melancólica por todo lo que tengo que dejar también estoy emocionada y ansiosa de salir de este avión, todo se ve bien desde la ventana que da al nuevo destino con el que conectaré a mi siguiente vuelo.

Así que ya saben, al llegar al mostrador pidan el viaje con escalas y revisen bien las letras chiquitas.
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