23.9.07

Estereotipos (tYpographY 2a entrega)

Si la buscamos ‘estereotipo’ en el Diccionario de la Lengua Española aparece lo siguiente:
1. m. Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.
2. m. Impr. Plancha utilizada en estereotipia.
Cabe acotar que este post no hablará sobre planchas, pueden seguir leyendo sin temor a encontrar una hipótesis sobre como dejar inmaculadas y sin arrugas sus estereotipias. Creo que lo único que rescato sin temor a equivocarme de esta palabra es que me parece un nombre fenómeno para un sonidero. Me imagino el momento de la presentación: señooooras y señooooores, los dejó con la presencia del sonidero más exitoso del momento, looooos estereotipoooooos, tantara, tan tara, tanta…

Este fin de semana tuve tres oportunidades para reflexionar sobre los estereotipos, un par son las dos exposiciones que visité, Foto septiembre que se presenta en el Centro de la Imagen y Literaturas del exilio que se presenta en el CCC , ambas muy recomendables. Pero la tercera es la que provocó este post.

Mi plan para el pasado sábado en la noche era leer mi libro prestado (últimamente ando muy abuela para eso de las salidas nocturnas), y por quedarme a leer me gané el siguiente ¿insulto?: ‘Mujer, rockera, motociclista y marihuana’. Así me dijo mi vecino cuando le traje a un par de uniformados para callar los cánticos que nos proporcionaba desde las 6 de la tarde en un Djset entre Mijares y Napoleón. Bueno, y para ser franca, me dijo muchas más cosas pero esas ya no pasan por el filtro de lo deseable en repetir. Su justificación para el escándalo fue que estaba planchando (¡otra vez las planchas!) y haciendo el quehacer. Fortuitamente los señores justicia funcionaron a la maravilla para calmar a la fiera misógina que vive arriba de mi departamento y por más increíble que les parezca, llegaron rápido, fueron muy propios y actuaron a la perfección para pegarle un susto que nos dará paz por algún tiempo.

Creo que ninguno de los 4 adjetivos que me dijo mi vecino eran un insulto propiamente dicho, pero lo que intentaba expresarnos es que era una tipa tan indeseable como él lo es para mi. Todo esto me hizo recordar que alguna otra vez A. me contó como una señora en el metro le dijo “viejo indio”. Ambas situaciones caen en la misma categoría; palabras que se convierten en insultos por ser características que creemos que nos separan y colocan en diferentes pedestales. Y mi video va a razón de ejemplificar como estas desigualdades nos pueden asustar tanto que se tornan en discursos llenos de horror y destrucción, la antítesis de la felicidad.

Lo cierto es que mientras no llegue la mudanza, mujeres, misóginos, rockeras y napoleónicos, ¡aquí nos tocó vivir! Y mas vale aceptar con paciencia y con la menor cantidad de señores justicia posibles, que las diferencias son lo que nos enriquece, hasta esas que definitivamente no comprendo ni comparto.

Publicar un comentario